El lunes llegó a casa un Aspire One. El portátil de Rosa estába dando síntomas de muerte y a ella le chiflan las cosas pequeñas.
La verdad es que es toda una maquinilla. Pesa algo más de un kilo, tres veces menos que el portátil anterior y casi la mitad que el mío, que ya es pequeñajo. Lleva un microprocesadosorcillo (el Intel Atom) que reduce el consumo y mueve con bastante soltura el XP home que lleva instalado. Monta dos gigas de RAM, lo que no está nada mal y un disco duro de 160 gigas, wifi e incluso webcam integrada. Como milagros no hay la pega es la pantallita de 10 pulgadas y los altavoces. El teclado es chiquiturrio pero no diminuto, como en los modelos más pequeños.
Todo el equipo cabe en una bolsa del tamaño de un bolso pequeño (hay gente en el curro que lo lleva dentro de un portafolios).
Lo recomendaría a cualquiera que quiere un ordenador para navegar y comunicarse. No recomendable para matadores de marcianos, trabajadores en hojas excel grandes, dibujantes...
Es excelente para irse de vacaciones (si tienes acceso a una wifi, claro) o para los viajes de curro.
De repente se me ha despertado un interés nuevo sobre la informática de recursos mínimos y estoy por coger mi viejo sobremesa, limpiarlo y meterle un linux lite o algo así, a ver que es lo mínimo con lo que se puede funcionar. Cada día me dan más asco los megasistemas operativos y la cantidad de software morralla que llena el disco duro al instalar una impresora o una cámara de fotos.
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